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Universidad y picaresca española: no todo programa de postgrado es un Master

Universidad y picaresca española: no todo programa de postgrado es un Master

Estas semanas estamos aprendiendo mucho sobre la universidad española y su conexión con los políticos. Y parece que lo vamos a seguir haciendo durante las próximas semanas. Cifuentes, Franco y Merlo son algunos de los casos conocidos hasta ahora. Escándalos que tienen su origen muchas veces en la necesidad de aparentar más de lo que se es. Llenando el currículum con muchos títulos “al peso”. Porque parece que eso es lo que premia la sociedad y las empresas. Pero no todos los títulos son iguales, aunque la competencia brutal y escaso control administrativo de la oferta formativa casi nos lo haga creer. Empezando por aclarar que no todo programa de postgrado es un Master.

La exagerada “titulitis” de los españoles

Llevo ya varios años dedicando una parte muy importante de mi tiempo al mundo universitario. Además de alumno de doctorado, imparto docencia en varias universidades privadas a alumnos de grado y de postgrado. También lo conozco desde el lado de la gestión, como director de un centro universitario o director de un programa “executive”. Y una de las cosas que me ha quedado claro es que a muchas personas lo que más le importa es “sacarse el título”.

Pero esta titulitis desmedida no se refleja tanto en minimizar los esfuerzos a realizar para conseguir un título determinado. Está más asociada a querer conseguir varios títulos de un mismo esfuerzo formativo. Dicho de otro modo, la institución educativa que ofrezca más títulos para un mismo esfuerzo económico y temporal se lleva el gato al agua. Al auge de las dobles titulaciones en grado me remito. Y a la proliferación de títulos de postgrado resultado de combinar las “facilidades” de internet y la convalidación “cuasiautomática” de créditos entre programas.

¿Cuándo podemos llamar Master a un programa de postgrado?

Pues no está muy clara la respuesta. Al menos no es sencilla para alguien que no esté muy familiarizado con la “regulación educativa”.  Y se debe a que existen varios factores que intervienen en la definición “formal” de un programa. Los más importante son:

Número de créditos / horas de formación. Lo normal es que un Master requiera un mínimo de 60 créditos o 600 horas de formación. Los hay que llegan a los 120 créditos o 1.200 horas. Por tanto, suelen exigir entre 1 y 2 años de duración. Hay otros programas de postgrado que se llaman Especialistas (profundizan en una materia) y que exigen entre 20 y 30 créditos. Y los programas Experto (enfoque práctico para profesionales), que suelen exigir entre los 20 y 40 créditos.

Universitario o título propio. Un programa puede denominarse Master sin tener que cumplir los requisitos formales que exigen las autoridades educativas para que sea Master universitario. Tienen que ver con la acreditación oficial del profesorado que lo imparte (% de doctores) y el cumplimiento de unos mínimos en temática, duración y procedimientos. Un Master universitario te permite acceder a los estudios de doctorado, que es el siguiente (y último) paso en el itinerario educativo regulado. Si el Master no cumple esos requisitos, es un Master propio. Es decir, que es un título reconocido a efectos oficiales sólo por la institución que lo emite. No está reconocido por las autoridades educativas para cursar estudios de doctorado, pero puedo estar muy reconocido por la sociedad y las empresas. Así comenzaron los MBAs de IESE e IE, que luego se “oficializaron”.

Modalidad de impartición. Puede ser presencial, semipresencial (Blended) o no presencial. Este factor no debería afectar al cumplimiento de los requisitos para considerar un programa de postgrado como Master. Pero en la práctica está siendo una de las vías para “facilitar” su cumplimiento “formal” sin mucho control por parte de la propia institución o de la inspección educativa. Cuando el programa es presencial se exige, al menos, la asistencia al 80% de las clases. Y la institución tiene que asegurar que esa asistencia efectiva se cumple.

Precio. Este factor no tiene nada que ver con la posibilidad de denominar a un programa como Master. Suele estar vinculado al prestigio de la institución, el número de horas incluidas en el programa y la modalidad de impartición. Y en contra a lo que la mayoría de las personas piensa, la formación online, si está bien hecha, requiere una mayor dedicación de recursos que la presencial. Las horas que un profesor dedica a cada alumno en un programa online es mayor, porque el medio lo permite y estimula. Pero se ha instalado la idea en la sociedad que todo lo online debe ser más barato “por concepto”. Y eso lleva a que la mayoría de estos programas online ofrezcan unas prestaciones limitadas. Un gran error que creo se irá corrigiendo en el futuro.

Necesidad de mejorar la oferta universitaria y formativa en España

En España tenemos tres de las mejores Escuelas de Negocios del mundo. Eso es una realidad, aunque deben seguir invirtiendo en innovación y talento para poder mantener su liderazgo en una industria cada vez más globalizada. Pero fuera de este segmento, la presencia de las universidades españoles en los rankings internacionales es muy mejorable.

Para ello es muy importante trabajar en dos frentes:

Especialización. Con una formación universitaria gestionada a nivel de la Comunidad Autónoma, la tendencia a ofrecer una amplia oferta de “títulos” (titulitis) en cada Comunidad, lo que limita los recursos que se pueden dedicar a la impartición de cada uno. El que mucho abarca, poco aprieta. Y a nivel global la tendencia es a la especialización. Creo que el avance tecnológico y la movilidad de la sociedad ya permite a las universidades especializarse en determinado clusters de formación.

Desarrollo de ecosistemas basados en el talento. Esa especialización debe ir acompañada con una mayor integración en un ecosistema empresarial y financiador. El triangulo entre la empresa, el talento en la universidad y el desarrollo emprendedor debe estar apoyado por la financiación pública y privada. Parece un tópico, pero la brecha entre la empresa y la universidad en España sigue siendo enorme. Agua y aceite que sigue funcionando con “convenios de colaboración” con modelos de evaluación de resultados muy limitados. Hay que repensarlos desde la perspectiva central del alumno o profesional. Y cómo la universidad y la empresa puede ayudarle en su desarrollo, motivación y retención. Actualmente los objetivos de las universidades y de las empresas son poco coincidentes. Y, claramente, se priorizan por encima de los objetivos de los alumnos o profesionales.

 

 

 

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Rafael Ramiro

Sobre mí
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Comments (5)
Cristina Rguez Ruiz de Linares • 8 meses ago

Fantástico articulo! Perfecto para ayudar a entender la problemática actual a los que no están en el mundo académico...

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Luis Rodríguez Lombardero • 8 meses ago

Clarificador. Tras su lectura tengo totalmente claro el tema. Un abrazo!!

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Rafael Ramiro • 8 meses ago

Gracias Luis!

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Luis Expósito • 8 meses ago

Estoy muy de acuerdo con tus reflexiones, cuando los máster se enfocan más en el aspecto de negocio que en la calidad de la formación que aportan, se acaban desvalorizando como estamos observando en las últimas semanas.

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Rafael Ramiro • 8 meses ago

Gracias por tu aportación Luis!!

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Por favor, exprésate con amabilidad, todos lo agradeceremos.

By Daniele Zedda • 18 February

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By Daniele Zedda • 18 February

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